...
Cuando me regalaste aquel libro y lo leíamos en el famoso ''cortao'', tú me mirabas de reojo y pasabas las hojas rozándome la mano como si lo hicieras sin querer, bromeabas con cada cosa, y querías mostrar interés con cada párrafo de ese libro. Cerraste el libro, pillándome los dedos, y se oía una carcajada tuya, luego lo guardabas en tu antigua mochila, de cuadrados negros y blancos y luego habiendo 30 grados de calor aun así en la sombra, te acercabas a mi disimuladamente. Y me contabas alguna historia tuya, yo intentaba mostrar poco interés y me mirabas con cara de hacerte enfadado, luego para ver si me importabas, me intentabas poner celosa con cualquier tontería de crías adolescentes. Al rato movías las manos y me explicabas tu jugada perfecta con los chicos del barrio. Sacabas un cigarro y tocabas mi rodilla, y movías tus gruesos dedos por mis blancas piernas, esa sensación me gustaba, y me ponía la piel de gallina, luego te pellizcaba y te empujaba riéndome de lo gracioso que estabas cuando te ponías perdida la camiseta, de cerveza. Esa camiseta me gustaba, me encantaba como le sentaba, era blanca con estampados bonitos y alegres. De momento recuerdo echarme para atrás, y empezaste a hablarme y te alterabas cuando me contabas historias, entonces yo te acariciaba el pelo y te ponía contra mi pecho para calmarte. Sonaba tu teléfono y me avisabas de que te quedaban 15 minutos para irte, entonces sin querer asustarte, mi rostro mostraba tristeza, luego llamaste y dijiste que no ibas a ir y me abrazabas y me subías encima tuyo y me besabas apasionadamente, luego me decías lugares para ir y perdernos.Cuando querías asustarme me cogías del brazo y me apretabas fuerte y ponías cara de asustado, luego te reías seguidamente y me tirabas al suelo para estar abrazándonos, minutos y minutos.
Tardes de veranos efímeras.

No hay comentarios:
Publicar un comentario